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sábado, 20 de agosto de 2022

5 traumas históricos de los mexicanos, y su efecto hasta ahora

Como he mencionado en anteriores entradas, el gobierno actual ha recurrido insistentemente en el carácter histórico de su ejercicio del poder, desde la denominación "Cuarta Transformación" (4T) que adoptaron desde su campaña electoral. También he criticado su visión de la historia de México, que no sólo buscan impulsar en los libros de texto de la educación básica sino incluso forma su "identidad corporativa" en la propaganda e imágenes en edificios y materiales publicitarios.

Sin embargo, los mitos y leyendas que López Obrador profiere espontáneamente en sus conferencias matutinas no fueron creación de Morena, sino que se remontan hasta la misma independencia del país. No se puede negar su efectividad al infundir la mentalidad colectiva y la memoria histórica del pueblo mexicano, cuando a través de las generaciones siguen siendo conocidos por el público y utilizados por los políticos para justificar sus actos y declaraciones. Así como sucesos desafortunados o ideas preconcebidas perduran en la mente de un individuo como traumas, los eventos de nuestra historia continúan por décadas como traumas históricos.

Por consiguiente, enumeraré cinco traumas históricos de los mexicanos, evaluando críticamente si guardan alguna relación con los hechos históricos comprobados y su efecto en la mentalidad y la cultura política de México.

"Fuimos conquistados": la glorificación de la derrota

La historia de México, sobre todo hasta el primer siglo de vida independiente, contó con episodios recurrentes de guerras desventajosas contra países más poderosos, particularmente los Estados Unidos y Francia. El himno nacional mexicano incluso evoca en su letra imágenes de invasores extranjeros y lucha heroica hasta la muerte, que han perdurado en la memoria histórica a pesar de que México no ha sido invadido por ninguna potencia extranjera desde 1914. La histórica postura diplomática de los gobiernos mexicanos que exige no intervención en los asuntos internos puede resultar de la experiencia de ser un país débil y sometido a la intromisión de naciones más poderosas.

El complejo del derrotado se remonta, sin embargo, tres siglos antes de esas humillantes derrotas, hasta la conquista de México Tenochtitlan por los españoles y sus aliados. Esa guerra que representó el antecedente inmediato del virreinato de la Nueva España, persiste en la mente del mexicano promedio como la derrota por antonomasia, pues se piensa que los españoles "nos" conquistaron y "nos" robaron "el oro". Sin detenerse a pensar que la mayoría de los mexicanos somos genética y culturalmente mestizos, o que la mayor parte de los indígenas en la época prehispánica eran enemigos de los mexicas o simplemente no se identificaban con ellos, se lamenta la pérdida de un imperio belicista que se asume como antecesor único de la nacionalidad mexicana.

Entre los sectores intelectuales de la izquierda también es recurrente el fetiche por la derrota, dada su constante marginalidad en la historia mexicana. Además de reivindicar a figuras y movimientos pasados como si pertenecieran a su inclinación ideológica, la izquierda mexicana tiene un "panteón" de personajes históricos individuales o colectivos que identifican con sus posturas políticas y sociales, desde los movimientos obreros en el Porfiriato, el jefe revolucionario Emiliano Zapata, el presidente Lázaro Cárdenas o los estudiantes del movimiento de 1968. Como las acciones y logros de estos personajes o grupos fracasaron o fueron desvirtuados por sus sucesores, son constantemente lamentados por los intelectuales o políticos de izquierda como un paraíso perdido de igualdad y justicia.


Cita del famoso escritor de izquierda Eduardo Galeano, reproduce el victimismo y estereotipo del indígena indefenso y sumiso. Fuente: http://archivo.elcomercio.pe/luces/libros/eduardo-galeano-murio-10-frases-que-lo-hacen-inmortal-noticia-1803783/8

Este trauma histórico tiene el efecto negativo de fomentar el victimismo, la xenofobia y la patriotería, además de deformar una realidad histórica más compleja y menos melodramática de la presentada por la propaganda oficial (priísta en décadas pasadas, morenista hoy día). No se puede negar que históricamente los países fuertes han sacado ventaja de los más débiles, o que las potencias económicas y militares sigan influyendo en la política interna de otras sociedades, pero asumir que los mexicanos son un pueblo derrotado (o descendientes de una "raza vencida") o que somos simples objetos históricos en lugar de sujetos colectivos, con agencia y capacidad de repercutir en su destino, es política y moralmente nocivo.

"Nosotros los pobres, ustedes los ricos": la división maniquea entre buenos y malos

De manera afin al punto anterior y también en la línea de la simplificación del relato histórico, está la división tajante entre individuos de carácter e influencia positiva en la historia y personajes nefastos en todo aspecto. Este trauma histórico no es particular a alguna posición ideológica, sino que conservadores, liberales o izquierdistas pueden caer en él, aunque sus percepciones de los personajes históricos sería completamente opuesta. Así, por ejemplo, Porfirio Díaz sería un paladín del progreso material que dio estabilidad al país, según un sector, o un tirano que vendió el país a los extranjeros y oprimió a los trabajadores y campesinos, según otro grupo.

Aunque existieron algunos individuos de notoria crueldad o corrupción en nuestra historia, o que traicionaron a sus allegados, se pierden de vista las motivaciones para cometer tales actos, acorde con la mentalidad de la persona en cuestión o la moralidad vigente en su época. Esto no implica relativismo moral, pero sí contextualiza hasta cierto grado acciones que ocurrieron en tiempos lejanos donde las relaciones sociales eran distintas. Si aplicáramos esta herramienta analítica a Hernán Cortés, villano por excelencia de la historia de bronce, podríamos tomar en consideración el celo religioso y la cultura belicosa de la España medieval como variables explicativas (no justificativas) de la Conquista de los mexicas, además de la codicia o la sed de poder de los conquistadores. Sería un grave error y un doble estándar juzgar a personajes de una misma época bajo distintos raseros morales, por ejemplo, si reclamáramos a los españoles la violación de los derechos humanos de los indígenas (un concepto anacrónico en el siglo XVI), mientras excusáramos las guerras floridas de los mexicas por tratarse de un acto obligatorio en su "cosmovisión".


Hernán Cortés, representado por el muralista José Clemente Orozco. Fuente: Conservapedia

Ejemplos característicos de este trauma histórico son dos presidentes liberales oriundos del estado de Oaxaca, el ya mencionado Porfirio Díaz y su antecesor, Benito Juárez. Sobre Díaz se sostiene que fue un gran administrador, promotor de inversiones y desarrollo material bajo el capitalismo inusitados en nuestro país hasta entonces, así como primer (y quizás único) mandatario capaz de sostener el poder y reducir al mínimo los conflictos civiles y levantamientos de militares por el poder supremo. Por otro lado, se le reprocha su autoritarismo, su elitismo y afición por todo lo extranjero, por la primacía de los capitalistas extranjeros durante su período en el poder.

Sobre el llamado "Benemérito de las Américas", se resaltan como aspectos positivos su defensa de la soberanía nacional frente a las intervenciones extranjeras, su insistencia en la importancia del estado de derecho y su postura reformista del Estado y la sociedad; pero también sus detractores señalan el dudoso Tratado McLane-Ocampo, con los Estados Unidos, por el que le señalan de "vendepatrias", su aferramiento al poder (sólo interrumpido por su muerte) y la oposición de los liberales a la Iglesia Católica, única religión en su época y mayoritaria aún ahora. La realidad es que los datos que sostienen estas posturas extremas pueden ser tomados en cuenta para elaborar un juicio más balanceado y menos visceral sobre estos actores históricos. Negar sus actos meritorios o sus errores es ocultar parte de la historia, lo cual es deshonesto al insistir en prolongar una historia de héroes inmaculados y villanos perversos.

"La sombra del caudillo": la creencia en los individuos predestinados

Una objeción que se suele hacer a la historia, impartida como materia escolar hasta algunas décadas atrás, y al discurso académico hasta el siglo XIX, fue su fijación con el papel de los individuos, particularmente los jefes de Estado, los comandantes militares o las personalidades intelectuales. En cuanto a la historia de México, se enfatizaba a los "héroes que nos dieron patria", como Miguel Hidalgo, José María Morelos, Josefa Ortiz de Domínguez, y otros próceres cuyos nombres aclamaban los gobernantes en la ceremonia del "Grito" en el día de la Independencia, además de nombrar a las calles de casi cada ciudad y pueblo en México. Otros individuos notables de épocas posteriores también recibían el honor de que sus biografías fueran asignadas como tarea a los estudiantes, o sus rostros adornaran los billetes, como Benito Juárez, Francisco I. Madero, Lázaro Cárdenas. En el momento en que escribo esto, la imagen institucional del Gobierno Federal consiste en retratos estilizados de algunos de estos individuos, señalando claramente que la administración en turno se inspira en el legado histórico de estos personajes.


Imagen corporativa del gobierno federal de México, centrada en los individuos históricos. Fuente: Noticiero Universal

Aunque es innegable la repercusión histórica de las acciones de gobernantes, ideólogos o caudillos militares, es erróneo centrarse en sus contribuciones y biografías y celebrarlos como autores del cambio histórico, mientras se ignora el entorno cultural y social en que se desarrollaron, o el papel de las "masas anónimas" o de colectivos e instituciones cuya actuación pudo no ser tan espectacular o puntual en el tiempo. Un ejemplo sería la Revolución Mexicana, proceso histórico que la mayoría de los mexicanos conoce al menos discursivamente, y del cual fueron resaltados los individuos carismáticos o líderes como Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Francisco Villa o Emiliano Zapata, o los eventos dramáticos o decisivos como la Decena Trágica o la promulgación de la Constitución de 1917. Mucho menos conocidos, por desgracia, son los personajes menos célebres, los combatientes anónimos, los partidarios de uno y otro bando que al seguir y apoyar a los dirigentes, les confirieron en buena medida su fuerza y legitimidad política. Es necesario entonces, disminuir el peso de los personajes iluminados en la explicación histórica, y comprender la influencia de la sociedad y sus componentes diversos en los procesos y eventos pasados y presentes.

"El ombligo de la luna": ignorar nuestro lugar en el mundo

Según algunos especialistas, el nombre de México significa "en el ombligo de la luna" en náhuatl, aunque no existe un consenso al respecto, pues otros analistas apoyan distintas etimologías. Pero el nombre parece una metáfora adecuada para un complejo histórico de los mexicanos: ignorar al resto del mundo y la importancia del entorno internacional en procesos y eventos locales. Aunque se mencionan circunstancias externas cuando tienen alguna relación con México, no se profundiza en sus causas ni se establecen relaciones de causa-efecto entre los desarrollos foráneos e internos.

La Conquista y colonización por los españoles pareciera tan sorpresivo para nosotros como lo fue para los mexicas: un grupo de hombres armados llegando del otro lado del océano. Se deja de lado o se minimiza el pasado hispánico: la Reconquista y la guerra contra los musulmanes, los comienzos de las exploraciones oceánicas en busca de los mercados asiáticos, la unificación de los reinos cristianos de Castilla y Aragón, los problemas de la sociedad hispánica y el conflicto entre sus resabios medievales y los incipientes hábitos capitalistas. El relativo aislamiento de las civilizaciones mesoamericanas terminó abruptamente a partir de la colonización hispánica, aunque mentalmente seguimos viviendo de espaldas a un "sistema mundo", como diría Immanuel Wallerstein, que se vuelve cada vez más complejo e interconectado.


Peso de ocho reales de la monarquía española, la primera moneda global de la historia y en gran parte acuñada en México. Fuente: Wikimedia Commons

Del período virreinal, ya de por sí poco favorecido por la historia oficial, no se considera el lugar privilegiado de la Nueva España en los circuitos comerciales, ni su relevancia estratégica y económica para la permanencia del Imperio español. Se menciona, como de pasada, la influencia de los ideales ilustrados en las minorías novohispanas o la repercusión de la invasión Napoleónica a España, y en el crucial siglo XIX se abordan las intervenciones extranjeras como simple rapacidad de los países extranjeros y debilidad del Estado mexicano, sin discutir el renovado imperialismo que los países europeos emprendieron en esa época, la cual afectó a otras regiones del mundo, como Asia y África, además de a México. Por último, se hace referencia como una anécdota, al escuadrón aéreo 201, combatiente en la Segunda Guerra Mundial, pero no se habla de la posición diplomática de México frente al conflicto mundial, ni de su influencia en el acercamiento posterior de México hacia la esfera de los Estados Unidos.

Pensar en México como un sistema cerrado que recibió pasivamente la influencia de sus vecinos o que sólo fue víctima de agresiones por potencias "explotadoras" no sólo niega la integración de los mexicanos pasados y presentes con el mundo que los rodeaba, sino que además fomenta un nacionalismo patriotero y xenófobo disfrazado de autosuficiencia y soberanía.

"Quemarlo todo": el culto al motín y la matanza

Entre las simpatizantes del feminismo radical circuló un meme en el que se mostraba la toma de la Alhóndiga de Granaditas por los insurgentes, con un globo de diálogo que exclamaba "¡No, las ventanas!", haciendo referencia a las denuncias de vandalismo en sus protestas consuetudinarias. La reinterpretación de dicho episodio histórico importa porque procede de juicios históricos erróneos. Primero, que la toma violenta y saqueo de dicho almacén de granos en Guanajuato fue un acto fundamental para lograr la Independencia de México, cuando en realidad fue contraproducente para los insurgentes, por despertar una mayor oposición y reacción más activa del gobierno virreinal de ese entonces. Además, justifica actos violentos donde hay pérdidas materiales o humanas cuando sirvan para una "causa superior", en resumen, otra manipulación de la historia por motivos ideológicos.


Meme feminista equiparando al movimiento insurgente con la "lucha" de las feministas radicales, nótese la sutil misandria.

Suponer que los motines, saqueos y disturbios equivalen automáticamente a una revolución es confundir conceptos, una revolución se define como un drástico cambio político o social, que puede o no estar acompañado de violencia. Nadie negaría la importancia de procesos como las revoluciones francesa, rusa o mexicana en la trayectoria histórica de esas sociedades e incluso para la civilización occidental, pero tampoco se debe ignorar su atroz costo en vidas, o sus consecuencias desafortunadas para la población que los sufrió. Cuando alguien expresa un deseo de que se realice una revolución para alterar el estado de la sociedad, que perciben como injusto o desigual, no sólo debería pensar en una guerra civil o conflicto armado, sino también en un cambio institucional y social, para que al orden social injusto lo reemplace otro mejor, y no la anarquía.

En resumen, los traumas históricos se explican como construcciones mentales que pretenden explicar eventos que marcaron la trayectoria de las sociedades pasadas, y darles sentido en la memoria colectiva. Estos lugares comunes suelen distorsionar o simplificar los eventos o atribuir a ciertos personajes culpas o méritos no justificable. Además, son utilizados por grupos políticos para respaldar sus actos o propuestas de cambio social. Antes que simplemente señalarlos, es necesario estudiar los traumas históricos y reemplazarlos por explicaciones más apegadas a la realidad y sin tanta carga ideológica.

lunes, 7 de marzo de 2022

¿Cuáles fueron las "Cuatro Transformaciones" de la historia de México? El uso político de una interpretación de la historia.

 Cualquier mexicano hoy día conoce que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, presidente de México electo en 2018, adoptó el título de Cuarta Transformación, abreviado 4T. Sin importar si son partidarios, opositores o indiferentes hacia la administración de AMLO, es muy posible que relaciones dicho nombre con la administración federal actual y sus allegados. Pero posiblemente no tengan muy en claro cuáles habrán sido las tres "transformaciones" anteriores si no están familiarizados con la visión histórica del actual gobierno. Este artículo abordará los eventos históricos conceptualizados como "transformaciones de la historia de México", discutirá los posibles orígenes de esa interpretación y finalmente, dará una opinión sobre esa teoría.


Las tres transformaciones

La primera transformación a que hace referencia el modelo AMLOísta es, evidentemente la Independencia de México, comenzada en 1810 y consumada, en su aspecto político, en 1821. Conocida la adversión de López Obrador por la monarquía hispánica, manifiesta en sus recurrentes reclamos por eventos que se remontan a cinco siglos atrás, sería obvio partir allí. Según las interpretaciones de la historia de bronce que se enseñó por décadas en nuestro país, la historia de México inicia con el Grito de Dolores y la rebelión de Miguel Hidalgo por el Bajío y Occidente del país, antes de eso los españoles "nos oprimían" y negaban no sólo el desarrollo económico (pues "nos saqueaban") sino hasta la identidad nacional.

La Independencia, por supuesto, no resolvió todos los problemas del país, e incluso creó otros nuevos. Según las interpretaciones de izquierda, el México del temprano siglo XIX era un país semifeudal, donde la Iglesia controlaba gran parte de la riqueza, que mantenía ociosa e improductiva, mientras el Ejército dominaba la política interna pese a su crónica incapacidad bélica. Sería necesario, según este modelo de la historia, una nueva transformación, la segunda, que fue la Reforma Liberal. A riesgo de simplificar un proceso largo y complicado de nuestra historia, lo que se proponían los liberales mexicanos era sustituir las relaciones de propiedad heredadas del período virreinal por otras acorde con la ideología económica del liberalismo clásico, para lograr el desarrollo capitalista de México de forma similar a como lo estaban logrando países como Gran Bretaña, Bélgica, Francia y los Estados Unidos. 

Es bien conocida la admiración que López Obrador ha sentido siempre por Benito Juárez, la cual se manifiesta en la cantidad de imágenes alusivas a dicho personaje y su uso en los programas asistenciales de su gobierno. La Reforma liberal no fue un proceso simple, sino que estuvo acompañado necesariamente de guerras civiles entre sus proponentes, los liberales y los opositores, los conservadores, que AMLO resucita constantemente en sus discursos como responsables del atraso y violencia en el país, así como oponentes al "proyecto de transformación" que (según él) realiza su gobierno.

A la muerte de Benito Juárez sobrevino la presidencia de Sebastián Lerdo de Tejada, contra quien se levantó en armas el general Porfirio Díaz. El período de más de treinta años que sobrevino es conocido en la historiografía mexicana como Porfiriato, epíteto creado por Daniel Cosío Villegas. Dicha época polariza las opiniones pues, para unos, se realizó el mayor desarrollo económico y de infraestructura que haya visto el país hasta entonces, mientras que para otros fue una dictadura explotadora y opresiva. Como es de suponerse, el presidente actual coincide con la segunda opinión, e incluso existe un libro de su autoría donde equipara al general Díaz con el expresidente Salinas de Gortari (1988-1994), lo cual conociendo las filias y fobias de López Obrador es todo menos un elogio.



Para resolver la desigual repartición de la riqueza y la tierra, así como para remover el viejo orden político, se levantó la Revolución Mexicana, que en este modelo sería la Tercera Transformación de la historia de México. La Revolución Mexicana, un fenómeno igualmente denso y diverso que difícilmente se puede resumir de manera sencilla, es vista por López Obrador como quiebre con la desigualdad del Porfiriato y su falta de claridad democrática. Además, fenómenos como la organización de sindicatos en las principales industrias y ramos productivos, así como el reparto agrario, serían según muchos ideólogos de izquierda, el principal legado revolucionario.

Ahora, tras este sumario de las transformaciones históricas de México, López Obrador añade discursivamente al gobierno que él preside. No es nuestro intento hacer un juicio histórico de la exactitud del título, sino sólo discutir la autoaplicación de ese concepto a priori desde el inicio de su gestión. No existe hasta nuestros días un consenso sobre las causas ni las repercusiones de las "tres transformaciones" anteriores de la historia de México, pese al gran número de documentos primarios que persisten y las interpretaciones de numerosos historiadores, y no creemos que exista uno tampoco para la "4T".



El posible origen del modelo histórico de las transformaciones

En su artículo "Posibilidades y limitaciones del mexicano", el escritor y activista de izquierda José Revueltas reflexionaba sobre la condición de ser mexicano, un tema muy socorrido a mediados del siglo XX. En una parte de dicho texto, Revueltas discutía los distintos períodos de la historia de México, desde la Conquista hasta la Posrevolución, incorporando términos y conceptualizaciones marxistas al análisis de las estructuras de producción y su relación con la identidad nacional.

José Revueltas (1914-1976), escritor y activista mexicano


Según Revueltas, el México virreinal era un país de estructura feudal, dividida en castas y etnias sin una identidad coherente. La revolución de Independencia tuvo entonces dos caracteres: "como revolución agraria y como revolución nacional". Sin embargo, no se pudo reemplazar las viejas estructuras de propiedad de la tierra, por lo que sobrevino la Reforma liberal, que en sus palabras significó "la derrota histórica de los terratenientes feudales (incluso la Iglesia)", aunque tuvo el defecto de no integrar de manera "cabal y plena la identidad mexicana". Incluso, tras las innovaciones introducidas por los liberales sobrevino el período porfirista y la entrada de México al capitalismo internacional.

La Revolución Mexicana, por fin "transforma a fondo las relaciones feudales de propiedad de la tierra y con esto crea las condiciones económicas para la integración de la nacionalidad mexicana", según Revueltas. Esto no es, de ninguna manera el final de la historia, sino que persisten, como es de esperarse en un análisis marxista clásico, contradicciones inherentes al proceso de transformación de las relaciones de producción, las cuales dejan su huella en la identidad nacional del mexicano.


Implicaciones de la interpretación histórica de las transformaciones

Ya sea que López Obrador se inspiró directamente en las ideas de Revueltas o que hayan abrevado de similares fuentes, la similitud es innegable. No se puede saber si Revueltas coincidiría con el término de Cuarta Transformación al proyecto político de AMLO, aun a pesar de que ambos personajes encuentran simpatía entre el amplio espectro conocido como "la izquierda mexicana". Ambos personajes conocieron las conceptualizaciones y teorías derivadas del materialismo dialéctico, sin importar si Revueltas aprobaría a AMLO de estar vivo hoy día.

El primer problema con esta interpretación histórica es la percepción del avance histórico por "estadios" o etapas. Según la teoría de las transformaciones, entre los períodos de cambio dramático subsisten épocas de regresión o permanencia de relaciones sociales. Es como si las "transformaciones" fueran períodos luminosos en un trasfondo negro de desigualdad e injusticia. Además, es problemática la concepción de que las revoluciones y los cambios violentos son el motor de la historia, porque es una visión simplista que deja fuera períodos menos llamativos (como sería el período virreinal, ignorado en gran medida en la visión de la 4T) pero en los que, definitivamente, se sucedieron cambios y permanencias, quizás de forma menos evidente que en las "transformaciones", pero igualmente contribuyentes al resultado final.

El segundo problema, y esto no debería sorprender a nadie, hace una gran división entre buenos y malos. Los renovadores como Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero y Cárdenas son siempre seres conocedores de las renovaciones que requiere la sociedad, mientras sus enemigos son los reaccionarios y acaparadores dueños de vidas y riquezas. Incluso, transfiere culpas pretéritas a actores presentes, un ejemplo es su constante reclamo a la monarquía española actual por los actos de los conquistadores españoles del siglo XVI, o su altiva reacción a la negativa del estado austríaco de devolver el famoso penacho de Moctezuma. También, la derecha de hoy en día son herederos directos de los conservadores del período independiente temprano y de los realistas de la Guerra de Independencia, pese a que no existe una línea ideológica directa entre unos y otros.

Imagen institucional del actual gobierno de México, donde destacan los protagonistas de las "Tres Transformaciones" anteriores a AMLO

Por último, se hace un panteón de unos pocos individuos que guiaron los cambios históricos y unas masas inexistentes que siguen las instrucciones de los caudillos. La historia de la 4T está llena de advocaciones a los "hombres y mujeres que nos dieron patria" sin parar mientes en que muchas otras figuras secundarias y aún los individuos desconocidos fueron actores históricos, y el desarrollo de los hechos resulta de la suma de muchas interacciones, no sólo de la voluntad de un puñado de héroes. Es más problemático aún que dicha visión de la historia se impulse desde las aulas, presentándose a los estudiantes como la única versión correcta del pasado de nuestro país.

martes, 21 de septiembre de 2021

¿Quién es el padre de la patria? La historia según la 4T

Uno de los debates más acérrimos en la historia de México durante el siglo XIX se centró en la cuestión de quién podía reivindicar el mérito de lograr la independencia de México. Las opiniones en disputa se podrían clasificar en dos grandes bandos: el conservador y el liberal, y el resultado de las guerras civiles que asolaron México desde su independencia hasta la década de 1860 fue también el predominio de una visión de los eventos fundacionales del estado mexicano.

La visión liberal nacionalista de la historia de México fue sostenida por distintos regímenes de gobierno, desde la administración de Porfirio Díaz hasta los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana de 1910, el Partido Nacional Revolucionario y sus manifestaciones posteriores, aunque declinó a finales del siglo XX, de manera paralela al declive del nacionalismo estatista (es decir, que privilegia la actuación del Estado sobre la sociedad y la economía). Durante las administraciones de Vicente Fox (2000-2006), Felipe Calderón (2006-2012) y Enrique Peña Nieto (2012-2018), esta versión histórica decayó en relevancia, como muestra estuvieron las fiestas del Centenario de la Revolución y Bicentenario de la Independencia, que fueron consideradas "desangeladas", pese a que solían ser dos de los eventos históricos más destacados en la visión nacionalista de la historia.

Sin embargo, con la llegada al poder de Andrés Manuel López Obrador (2018-) se revivió este relato histórico, que justificaba sus actos y discursos al autoconsiderarse la "Cuarta Transformación" en la historia de México. La versión del pasado de AMLO consideraba que en el pasado de México habían ocurrido tres eventos revolucionarios ("transformaciones" de la sociedad): la Independencia (1810), la Reforma Liberal (1857) y la Revolución Mexicana (1910), de lo cual se seguía que el gobierno de López Obrador sería la cuarta transición, es decir, se equiparaba con los procesos históricos que eran su inspiración.


Imagen institucional del gobierno actual de los Estados Unidos Mexicanos, presidido por Andrés Manuel López Obrador. Fuente: El Siglo de Torreón

La visión histórica de la 4T es una versión ya desusada de la "Historia de los Grandes Hombres", también conocida como historia de bronce, por ser prolija en construir monumentos a individuos reales o míticos que más que seres humanos reales, con errores, ambiciones e ideales inalcanzables, son casi dioses buenos, desinteresados y con un objetivo claro en la mente: formar a la patria. Entre los héroes que aparecen prominentemente en la imaginería del gobierno actual destacan José María Morelos y Miguel Hidalgo, líderes insurgentes en la Guerra de Independencia (1810-1821); Benito Juárez, presidente de México en el período 1858-1872 y uno de los exponentes principales del liberalismo en México; Francisco I. Madero, líder inicial de la Revolución Mexicana y presidente por un breve período tras la renuncia de Porfirio Díaz, y Lázaro Cárdenas, presidente entre 1934 y 1940 que llevó a cabo políticas de corte nacionalista, estatista y redistributivas de la riqueza, como la expropiación de la industria petrolera (1938), la reforma agraria y la nacionalización de los ferrocarriles. Estos personajes son íconos de las llamadas "transformaciones" y son invocados (sobre todo Juárez) por el titular del Ejecutivo federal. Tal vez la actuación de AMLO hasta ahora no se asemeje mucho en los hechos a sus héroes, pero al menos en el discurso y en los proyectos, fungen como inspiración para su actuación.

Bueno, ¿y quién es el padre de la patria?
Mencioné las dos visiones de la historia mexicana: conservadora y liberal. Comenzaré por describir la conservadora, que siempre ha sido marginal en el discurso oficial en México. Según esta versión, fue Agustín de Iturbide, comandante de los ejércitos realistas, quien logró convencer a la gran mayoría de actores políticos y militares de su época de unirse a su proyecto de las "Tres Garantías". Tras una campaña relativamente incruenta, Iturbide consiguió el consenso de la gran mayoría de las clases gobernantes para separar al país de España. Pese a su fallido gobierno (el Primer Imperio, 1821-1822), no se puede negar que Iturbide instrumentó un cambio de lealtad fuera de la monarquía hispánica.

La versión liberal, sin embargo, sostiene que Iturbide fue en realidad el instrumento de los intereses sempiternos en la Nueva España: el clero, los terratenientes, los comerciantes y, sobre todo, los militares. La consumación de la Independencia habría sido una especie de "revolución desde arriba", un cambio político para evitar la metamorfosis de la sociedad mexicana hacia un régimen más justo y móvil. Los verdaderos autores de la patria mexicana eran los insurgentes, que se habían rebelado contra el gobierno virreinal desde 1810, y en las personas de Rayón y Morelos, habrían formulado el primer proyecto de un país libre y soberano, independiente de España. El origen de todo, sin embargo, habría sido obra del cura Miguel Hidalgo, quien había liderado una rebelión campesina en el Bajío. Los insurgentes lograron quitar del poder a Agustín de Iturbide, y presionaron para que la celebración de la independencia no se realizara el día 27 de septiembre, día de la entrada del Ejército Trigarante de Iturbide a la Ciudad de México, sino el 16 del mismo mes, cuando el padre Hidalgo llamó a tomar las armas a una muchedumbre en Dolores, Guanajuato. Ésta es la visión que Andrés Manuel López Obrador y sus partidarios reivindican y que utilizan como justificación para sus políticas estatistas.

Preocupa al presidente López Obrador que un jarrón del Emperador Maximiliano de Habsburgo esté frente al retrato de Benito Juárez. Fuente: Infobae.

Y bueno, ¿a quién le importa lo que pasó hace 200 años?
Podría parecer que hablar de historia es menos importante que otros temas gravísimos que aquejan al país, como la delincuencia, la crisis económica, la degradación social y el deterioro al medio ambiente, y que ponerse a pelear por Hidalgo e Iturbide, Juárez o don Porfirio no es tan diferente que discutir que si el América, el Cruz Azul, Messi o Ronaldo, pero la reescritura de la historia refleja y apoya las políticas de un Estado, ya que "quien controla el presente, escribe el pasado y señala al futuro". La visión de la historia de la 4T se inscribe en una ideología estatista, izquierdista, divisionista, que sostiene que "la lectura debe ser acto de emancipación y no placer capitalista". Incluso se llega a alterar el registro histórico, borrando el título de "Imperio Mexicano" con que se firmó la independencia, para reemplazarlo por una hipotética "República Mexicana".

Después de todo, quien miente sobre el pasado, miente sobre el presente y quizás también sobre el porvenir. Y es trascendente cuando es, en teoría, la historia heroica de este país la que inspira al gobierno actual.

domingo, 18 de septiembre de 2016

La maldita Historia Oficial, los villanos que nos dieron patria, y los desmitificadores de la Historia Mexicana




Pregunta a cualquier persona que conozcas o no, de la edad, clase social y género o subgénero que desees, si la Historia les resulta interesante y seguro más de la mitad te dirá que sí les parece. A los demás diles que existe historia casi de todo, ya que la historia se ocupa de infinidad de temas además de los eventos políticos: diles que existe historia de la moda, historia de la música, historia de la ciencia, de las religiones. Más de uno te dirá que gustan de ver un filme, de leer una novela, de observar un documental, de corte histórico, y te sorprenderá saber que cualquier transeúnte sabe bastante más de Historia de lo que puedes suponer.

Entonces, ¿por qué a los estudiantes no les agrada la historia? En gran parte tiene que ver con el enfoque en los eventos políticos y los conflictos bélicos (pues la guerra ha sido definida como la prolongación de la política por otros medios) que fue constante en la historiografía durante gran parte del siglo XIX. Cuando un historiador quería investigar los hechos pasados, recurría a los documentos oficiales, y ya se sabe que estos se ocupan ante todo de guerras, tomas de poder, cuartelazos, golpes de estado y todo cuanto hacen los hombres del gran poder; la gente normal, los ciudadanos de a pie sólo aparecen en esa Gran Historia como masa peligrosa, a veces inerte y de pronto inflamable e incontenible. Pero también, y relacionado íntimamente con esta visión limitada del devenir histórico, es culpable la visión de la Historia que durante décadas impartió el sistema educativo mexicano. Es decir, la odiada Historia Oficial.

¿Qué entendemos por Historia Oficial? Una sucesión de hechos heroicos o viles, de personajes determinantes, voluntades encarnadas en individuos que determinaron el curso de la historia, personajes que podían ser divididos en héroes, los que lucharon por la patria, y villanos, aquellos que conspiraron contra México, incluso antes de que existiera algo remotamente parecido a México. Es una narración, lineal y teleológica, que describe cómo el Pueblo Mexicano se desarrolló desde los albores del tiempo hasta nuestros días, a través de las intervenciones extranjeras y las guerras civiles hacia un hipotético estado democrático donde el pueblo es/será el soberano.

Consideremos, para ejemplificar la parcialidad de la Historia Oficial, el tratamiento que hace de dos figuras claves del tardío siglo XIX. Dos presidentes de la república, ambos oaxaqueños y liberales, ambos figuras decisivas en la guerra de Intervención, ambos mandatarios que tendieron al final de su mandato al poder absoluto, los cuales persistieron en el ejercicio de sus funciones por largo tiempo (uno, de 1858 a su muerte en 1872, el otro desde su ascenso al poder mediante un alzamiento en 1877, hasta su renuncia en 1911) torciendo o al menos estirando la Ley Suprema de la Nación. Y sin embargo, según la tradición oficial, uno es Benemérito y Restaurador de la República, el otro es un héroe militar devenido villano por su aferramiento al poder y la restricción del juego político que obligó a todo posible opositor a tomar la vía de las armas.

¿Por qué en la Historia Oficial es Díaz un tirano y Juárez el Segundo Padre de la Patria? No olvidemos que en el origen el Partido Oficial se consideraba revolucionario, dicho partido era la etapa final de la lucha ya sin armas, era la institucionalización de la lucha popular que derribó el régimen oligárquico de Porfirio Díaz Mori, por lo que no podía ser éste un Héroe de la Patria. Pero entonces, ¿por qué Juárez sí lo es? La ideología liberal de Juárez, pro capitalista, anti corporativa, es lo contrario de la ideología revolucionaria temprana, que basa su estructura partidista en los actores colectivos como centrales obreras, ejidos colectivos, y que, al menos durante el cardenismo, parece ir en contra de la privatización de las tierras de los pueblos, en contravención a la Reforma de 1857, la cual no obstante tiene un alto sitio en la Historia Oficial. ¿Por qué Juárez está en el panteón de la Historia Oficial, y Díaz no?

Admitiendo entonces, que la Historia Oficial tiende a ser maniquea, polarizadora, mitificadora (pues crea incluso héroes que, siendo estrictos, posiblemente no existieron con el nombre y rostro que conocemos) y nacionalista, debemos reconocer que, con fallas y manipulación de los hechos, da un lugar, aunque subordinado, a los actores populares, siempre impulsando los cambios guiados por los héroes y los gobiernos revolucionarios. Tomando en cuenta sus fallos y partidismos, podemos hacer una crítica de la Historia Oficial que aquilate sus aciertos sin olvidar sus errores. Una verdadera historiografía científica podría entonces desmitificar a la Historia Nacional. Sin embargo, las nuevas tendencias en la divulgación de la historia, que dicen buscar este fin, fracasan en sus objetivos sin siquiera intentar un ejercicio histórico serio.

Contra la Historia Oficial y sus yerros, se alzan, durante el interregno panista (2000-2012), dos interpretaciones disidentes. La primera, que ya existía, es la visión conservadora de la historia nacional, la cual ha existido desde siempre, sobre todo en la educación privada. En ella, Hidalgo no es el padre de la Patria, pues es un asesino y vándalo, Agustín de Iturbide es el único libertador efectivo. Juárez no es más que un instrumento de los yanquis que frustró la posibilidad de un poderoso Imperio Mexicano, apoyado por las potencias europeas y gobernado por un Habsburgo de muy buenas intenciones. Según ellos, Porfirio Díaz trajo la modernidad a México por su sola férrea voluntad, pero la rebelión de la chusma destruyó su obra civilizadora y puso en el poder al nefasto Partido de la Revolución. Como podemos ver, aquí los villanos devienen héroes y viceversa, es como si la Historia Oficial fuese la fotografía y la Historia Conservadora el negativo de ésta.

Podemos entender entonces cómo el público general, y muchos estudiantes, que pueden estar o no inconformes con el gobierno, ven a la Historia Oficial como una legitimación de un sistema político ineficiente y corrupto. Si durante toda su infancia escucharon maravillas de Hidalgo, Juárez, Madero o Cárdenas, es natural que una alternativa a la narrativa tradicional, sobre todo si es diametralmente opuesta a ella, sea muy atractiva. Más aún si se oferta con títulos tentadores como “todos los mitos de la Historia de México” o “lo que no quieren que sepas de la Historia”, o aún más: “La Verdad sobre la Historia de México”.

Si bien podemos reconocer que una revalorización de los personajes históricos, incluso de aquellos execrados por la Historia Oficial, es un ejercicio histórico muy sano, vemos que la Historia Conservadora se extralimita y comete los mismos pecados que la Historia Oficial, pero a la inversa. La Historia Conservadora, aunque parece suscitar el debate y la reinterpretación del pasado, no es útil para el verdadero entendimiento del devenir histórico del pueblo mexicano, por su parcialidad y su escaso rigor en el método. Los divulgadores desmitificadores de la ola conservadora (como el periodista Catón o los ínfimos sitios de historia en redes sociales, como Mitófago) son todo anécdotas y ninguna prueba, todo polémica y ningún debate, mucha historieta pero nada de Historia.

La segunda corriente desmitificadora de la Historia Nacional, de la que me ocuparé en una posterior entrada, es la de los novelistas y los comentaristas de la televisión que dicen haber hallado el hilo negro, y que gracias a su popularidad en los medios de comunicación publican grandes cantidades de libros que conviven en igualdad en los estantes de la librería junto a los Hobsbawm, los Meyer, los Womack; dichas publicaciones son un éxito en las ferias del libro, al aprovechar el interés de los lectores, aquellos de los que hablaba al comienzo de este texto, por la Historia Nacional.