domingo, 17 de enero de 2021

¿Qué se debe hacer con las estatuas de los colonizadores? y ¿debe pedir perdón España?

 Este año, se cumplen cinco siglos de la caída de México-Tenochtitlan, ocurrida el 13 de agosto de 1521. De la misma forma, se cumplen doscientos años de la consumación de la Independencia, lograda a instancias de Agustín de Iturbide y su Ejército Trigarante en septiembre de 1821. Poco más de trescientos años duró la experiencia colonial española, un importantísimo período en la historia de los pueblos que gradualmente formaron México. Tres siglos transcurrieron entonces desde que los conquistadores castellanos derrumbaron al Imperio Mexica hasta que se declaró la independencia del Imperio Mexicano respecto a España.

Además, algunos miembros del gobierno mexicano han promovido la idea de que la Ciudad de México fue fundada en 1321, por lo que a las anteriores fechas se suma una más que se debe conmemorar, en su opinión. Según el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, se quiere hacer coincidir "con calzador" dicho evento histórico junto a la Conquista y la Independencia, cuando, en su opinión, no se puede concluir con certeza que la fundación de dicha ciudad haya ocurrido en dicho año. A la casual coincidencia de dos eventos trascendentales separados por un número múltiplo de cien (lo cual no quiere decir nada en historia) se quiere agregar uno más, según Matos Moctezuma, por mera ideología política.

Con el pretexto de los dos aniversarios históricos (y otro anexo sin justificación) se solicitaron a Austria y al Vaticano ciertos objetos históricos de origen mesoamericano, como el famoso "penacho" del tlatoani Moctezuma y algunos códices que se encuentran en Europa. Además de solicitar en préstamo estos artículos históricos, el presidente de México Andrés Manuel López Obrador, ha exigido del Papa Francisco y el Rey Felipe VI de España, una disculpa por los acontecimientos violentos ocurridos durante la conquista, en que perdieron la vida una gran cantidad de habitantes nativos de Mesoamérica. En este contexto se tienen además las ya tradicionales peticiones de remover las estatuas de Cristóbal Colón, que como primer español en asentarse en el continente americano y participante del comercio de esclavos de los nativos del Caribe, es considerado el iniciador del llamado genocidio de los pueblos amerindios.

En este artículo pretendo responder a las siguientes preguntas: ¿por qué el actual gobierno de México reivindica la fundación de Tenochtitlán y reclama al rey español y al papa los eventos ocurridos hace casi cinco siglos? ¿Qué se debería hacer con las estatuas y nombres de colonizadores que se han colocado en lugares públicos y de tránsito en nuestras ciudades? ¿Deberían pedir perdón el monarca español y el pontífice de la iglesia católica? En mi opinión, detrás de cada una de estas acciones se ocultan errores de apreciación histórica, política y moral, que detallaré a continuación.

1. México no es una continuación del Imperio Mexica

Aunque compartan el mismo nombre y la ubicación de su capital, y el escudo nacional del Estado mexicano moderno se inspire en la leyenda fundacional de México-Tenochtitlan, no existe continuidad entre el Imperio Mexica y el actual Estado mexicano. El nombre de Imperio Mexicano (así como el escudo) se adoptaron al inicio de la vida independiente de nuestro país para romper con el pasado inmediato español y vincular la nueva nación con un pasado ilustre. No tiene nada de malo, es un rasgo común de nuevos estados el buscar sus antecedentes en un pasado remoto. Los daños que sufrieron los habitantes del Imperio Mexica en el siglo XVI no pueden ser reivindicados por ningún mexicano del día presente, mucho menos por el gobierno. El Estado mexicano tiene, sin embargo, una responsabilidad con los pueblos indígenas de la actualidad, como con cualquier habitante de esta nación.

Podría discutirse además si la Ciudad de México podría remontar su linaje a la ciudad de los antiguos mexicas, o si, dado que se destruyó en gran medida y se alteró su traza y estructura, podría considerarse una refundación o una nueva ciudad construida sobre las ruinas de la capital mexica destruida. Es válido discutir sobre la demolición de lugares sagrados de la civilización mesoamericana y la superposición de sitios de culto católicos sobre estos, que constituye un acto de subyugación y eliminación de una cultura. Este tipo de acciones son, sin embargo, muy comunes en muchos lugares del mundo, y son resultado de trayectorias históricas, véase por ejemplo, la Basílica de la Santa Sabiduría o Hagia Sophia, en Constantinopla/Estambul, que fue reconvertida a una mezquita tras la conquista otomana, y después a un museo cuando el Imperio otomano fue sucedido por la secular República de Turquía. Aunque mucha gente desearía que se derrumbaran las iglesias católicas para desenterrar los lugares prehispánicos, tanto uno como el otro edificio tienen valor histórico y arquitectónico. El período colonial es tan parte de nuestra historia como el prehispánico, así que no se debería derrumbar la Catedral para exponer los restos de cualesquiera templos prehispánicos que existen debajo de ella.

1.5 Los modernos mexicanos no son (todos) descendientes de los mexicas

Derivado del punto anterior, viene otro que considero importante, y es que si bien una parte considerable de los actuales habitantes de México pueden rastrear su ascendencia a alguno de los muchos pueblos nativos del continente americano, y muchos de ellos sean étnicamente indígenas, los actuales mexicanos no descienden de los mexicas, al menos la mayoría de ellos. Si tienes un nombre o apellido hispano o fuiste educado en la religión católica, tu cultura también es, en parte, hispánica, por lo que decir que se deben recuperar "nuestras raíces" y desechar toda herencia del pasado español, es históricamente incorrecto. Es muy saludable interesarse en la historia, costumbres e idiomas del pasado prehispánico, pero querer borrar el pasado hispano (o novohispano, por la Nueva España) sería ponerse al nivel de los intolerantes conquistadores que buscaron eliminar el pasado indígena.

La realidad es que, posiblemente la mayoría de mexicanos no desciendan de pueblos mexicas, ni tan siquiera de alguna etnia de origen nahua. Si hacemos caso al mapa mostrado abajo, la diversidad de etnias en el México de nuestros días es considerable. Además de mexicas, a la llegada de los españoles existían huastecos, otomíes, totonacos, purépechas, tlapanecas, mixtecas, guamares, guachichiles, coras, tecos, cocas, además de los muchos grupos que designamos con el nombre colectivo de mayas. En todo caso, los mexicanos deberíamos conocer más de la gran diversidad de los pueblos de Mesoamérica y Aridoamérica, y no limitarnos a la fascinación con el pasado mexica, que pese a su grandeza y esplendor, fue un período más bien corto del vasto pasado prehispánico.



2. Los habitantes del presente no son responsables de las acciones de sus ancestros

El concepto de culpa colectiva es un vestigio de épocas pasadas, y la culpa de un hecho pasado no se hereda a los descendientes. En tiempos remotos y próximos, cuando no se podía encontrar al culpable de un evento desafortunado, se castigaba a grupos enteros de personas vinculadas al principal sospechoso. Era así que los soldados alemanes y paramilitares de las SS ejecutaban a familias y pueblos enteros cuando los guerrilleros partisanos operaban en alguna área, lo cual es un innegable acto de barbarie. Si existen casos de asociación delictiva y responsabilidad grupal de actos criminales, considerar responsables a poblaciones enteras no tiene sentido en el paradigma (aún) vigente de responsabilidad y agencia individual. Si Hernán Cortés, Pedro de Alvarado o Francisco Pizarro cometieron atrocidades en América, sus coterráneos que se quedaron en la península, no podían ser considerados culpables. De la misma forma, los españoles de hoy no son responsables de lo que hicieron los españoles de hace quinientos años, sólo de lo que ellos mismos hagan.

En todo caso, los descendientes de los mexicas deberían pedir perdón a los tlaxcaltecas y otros pueblos de Mesoamérica por la continua agresión bélica y extracción de recursos a que los obligaban bajo amenaza de violencia y muerte. De la misma forma, los musulmanes y judíos descendientes de los expulsados por los Reyes Católicos en 1492 podrían reclamar a los españoles actuales, pero quizás éstos responderían que son los árabes los que deben disculparse por la invasión de la península ibérica ocurrida en 711... Todo lo cual no tiene sentido, la reivindicación de crímenes históricos ocurridos hace siglos se asemeja a las venganzas de sangre de los clanes, donde por generaciones se guardan resentimientos por eventos pasados. Acorde con una frase atribuida a Mahatma Gandhi, "ojo por ojo y todo el mundo terminará tuerto".

Si como el presidente López Obrador admite en su carta al rey de España, Hernán Cortés y sus seguidores actuaron fuera de la ley, ¿se debe considerar responsable al entonces rey Carlos I de Habsburgo de lo que alguien más hizo en su nombre? Y más aún, ¿el actual rey de España, que desciende de la casa Borbón, compartiría la responsabilidad de el entonces monarca, de otra casa reinante?

3. ¿Quién escribe la historia, quién la quiere reescribir?

Por último, existe la famosa frase, que constituye un lugar común, de "la historia la escriben los vencedores", que es cierta sólo en parte. Los mexicanos tenemos una versión de la Guerra de 1846 muy diferente de la estadunidense, así como los izquierdistas la tienen de la Guerra Civil Española, que perdieron frente a los rebeldes nacionalistas de Franco. También los vencidos escriben su historia, y se debe conservar ese testimonio pero también criticarlo y examinarlo con precaución. Un pueblo vencido no es necesariamente mejor o peor moralmente que sus conquistadores, sólo fue más débil. Los pueblos vencedores casi siempre emplean la violencia y el miedo para imponerse a sus víctimas, así, la esclavitud y asesinato en masa ha existido en muchas culturas del mundo, si los europeos fueron los más efectivos en imponerse a los demás pueblos del mundo, no son los únicos culpables de actos nefandos y crueles.

Lo que no se debe hacer es juzgar con diferentes criterios lo ocurrido en un mismo período de tiempo, bajo el pretexto vacío de "hay que mirar el contexto". Si condenamos como actos barbáricos la quema de brujas y herejes y la Inquisición, también deberíamos censurar el sacrificio humano, la mutilación y antropofagia de las víctimas de los mexicas. No es válido hacer, como la persona en el siguiente video, una justificación del tzompantli (muro de cráneos) diciendo que era un "acto de vida" y que los cautivos que fueron sacrificados "no eran esclavos al estilo occidental". Hacerlo, sería caer en relativismo moral.


Conclusión
En mi humilde opinión, las estatuas de personajes históricos constituyen tanto conmemoración de sus actos como memoria de su legado histórico. Si bien se sugiere que su lugar debería ser en un museo, y no en lugares prominentes de las vialidades públicas o plazas, considero que no debería confinarse en espacios de exposición limitada a estos memoriales históricos. Lo que sí se debería hacer es promover en la educación básica y media la crítica histórica, y la confrontación de distintas perspectivas sobre fenómenos y períodos históricos. Se debería evaluar críticamente el impacto humano y material de la Conquista europea, en sus aspectos negativos (la muerte de gran parte de la población nativa, la explotación económica y laboral de los sobrevivientes) como en sus consecuencias positivas (la paulatina desaparición de los sacrificios humanos y las guerras entre etnias).

Se sostiene que los actos de muchos de estos personajes, como Cristóbal Colón, fueron moralmente reprobables, debido a su involucramiento en la venta y esclavitud de seres humanos, así como por su papel en la construcción del Imperio Español, que acorde con una posición ideológica, fue un ejemplo de un fenómeno histórico que consideran oscuro y negativo, el período imperialista europeo. La realidad es que muchas figuras históricas en diversas partes del mundo podrían ser considerados practicantes de esclavismo e imperialismo, pero aún persisten en la memoria colectiva y la historiografía oficial de algunos países, incluyendo a varios tlatoanis mexicas.



Estatua ecuestre monumental de Gengis Khan en Mongolia. Constructor de uno de los mayores imperios de la historia (Imperialismo) y causante de la muerte de millones de asiáticos, pero también héroe nacional de Mongolia.


¿Si se retiraran las estatuas de los conquistadores españoles, por colonizadores y esclavistas, no se podría hacer lo mismo con las estatuas de Tezozómoc, Cuitláhuac o Cuauhtémoc, quienes fueron también emperadores y dueños de esclavos? Así sería si no nos dejáramos cegar por el relativismo moral: el asesinato, esclavitud y conquista son reprobables en todos los casos y culturas o no lo son en ninguna. Los conquistadores españoles de hace quinientos años cometieron actos brutales y arbitrarios, pero en general, el mundo de entonces era un lugar violento. En un momento de nuestra historia donde la violencia y el crimen han arrebatado las vidas de muchos mexicanos, echar culpas sobre un país extranjero por actos lejanos en el tiempo constituye más un acto de distracción que un "ejercicio de memoria histórica".

martes, 17 de noviembre de 2020

El tren eléctrico de Guadalajara, ¿tren ligero o metro?

 Tras seis años de construcción fue finalmente inaugurada y abierta al público la Línea 3 del Sistema de Tren Eléctrico Urbano (SITEUR) de Guadalajara, la cual conecta tres municipios (Zapopan, Guadalajara y Tlaquepaque) a través de 21.5 kilómetros de vía. La nueva línea cuenta con 18 estaciones (5 subterráneas y 13 elevadas) y sigue una dirección norponiente-suroriente por medio de la cual se puede atravesar la ciudad en poco más de 30 minutos. La línea conecta con las otras dos líneas del tren eléctrico y la línea del Macrobús en la Calzada Independencia, así como con la línea del Macrobús en el Periférico (actualmente en construcción).


Fuente: SITEUR (https://lineatres.jalisco.gob.mx/)

Por su estética y estándares de construcción, se puede comparar a la nueva línea con otros metros de América Latina e incluso con la línea 12 del Metro de la Ciudad de México. Comparándola con las otras dos líneas del sistema, la Línea 3 luce moderna y tiene mayor longitud. Surge entonces la pregunta: ¿se puede considerar al tren eléctrico de Guadalajara como un metro?

Cualquiera que por error se haya referido al tren de Guadalajara como "metro" y haya sido corregido inmediatamente por algún tapatío quien aclararía que se trata del "tren ligero" se habría preguntado cuál es la diferencia. Ambos sistemas funcionan a base de trenes eléctricos que transportan un número de pasajeros muy superior a otros medios de transporte (como los autobuses), tienen vía separada de las vialidades urbanas y cuentan con estaciones de acceso controlado, lo que los vuelve una forma muy eficiente (aunque costosa) de transporte público urbano.


Estación subterránea de la Línea 3 (Fuente: mexiconoticias.com.mx)

Hay que hacer notar que no existe una definición oficial de metro (ni de tren ligero) por ningún organismo internacional de ferrocarriles o metros, por lo que cada autoridad decide la terminología con que denomina su sistema. En el caso de México, tenemos los siguientes sistemas de transporte público urbano masivo por trenes eléctricos:

  • Sistema de Transporte Colectivo Metro (Ciudad de México)
  • Servicio de Transportes Eléctricos (tren ligero, Ciudad de México)
  • Sistema de Transporte Colectivo Metrorrey (Monterrey)
  • Sistema de Tren Eléctrico Urbano (Guadalajara)
Como podemos ver, el sistema de Guadalajara es el "hermano desobediente" que decidió nombrar de forma diferente su sistema, mientras en Monterrey se siguió la denominación utilizada en la Ciudad de México. Sin embargo, el Metro de Monterrey y el tren eléctrico de Guadalajara no son tan distintos, si se toman en cuenta la longitud de la red, el material rodante, el número de líneas y estaciones y los pasajeros transportados:

Sistema                                     Longitud de la red (km)    Líneas    Pasajeros en miles*
Metrorrey                                            33                                            2*            15,098
Tren eléctrico (Guadalajara)           47                                            3              8,182

Fuente: inegi.org.mx
*Al momento, la línea 3 del Metrorrey no ha sido inaugurada
*Se eligió un mes anterior a la pandemia de COVID-19 que redujo la afluencia de pasajeros (Diciembre 2019). En ese momento no se había abierto la Línea 3 del tren eléctrico de Guadalajara.

Se puede ver que en longitud de la red no existe una gran diferencia, y que poseen el mismo número de líneas (en Monterrey, dos abiertas y una en construcción) y que acaso los pasajeros transportados en Metrorrey son casi el doble. El material rodante es muy similar, en particular los vehículos TEG-90 y MM-90. Una diferencia clave podría ser que el Metro de Monterrey está completamente separado del tráfico vehicular, al ser la práctica totalidad de su trayecto en línea elevada o subterránea, mientras en Guadalajara la línea 1 cruza varias vialidades en su trayecto de la Avenida Colón.



Al comparar al tren eléctrico de Guadalajara con el tren ligero de la Ciudad de México encontramos diferencias sustantivas, pese a la similitud de sus materiales rodantes.

Sistema                                    Longitud de la red (km)      Líneas    Pasajeros en miles*
Tren eléctrico (Guadalajara)    47                                        3            8,182
Tren ligero (CDMX)                    13                                        1            1,862

Fuente: inegi.org.mx. Datos de pasajeros de Diciembre 2019.

Aún tomando en cuenta que el tren ligero de Ciudad de México sólo cuenta con una línea y por ende, el número de pasajeros de Guadalajara será bastante mayor por la longitud de la red, la mayor cobertura gracias a las diversas líneas, podemos decir que el tren eléctrico de Guadalajara es superior en su nivel de servicio al tren ligero de Ciudad de México debido a tres factores principales: velocidad, capacidad del vehículo y estructura de la red.

Velocidad.
A pesar de que ambos sistemas poseen vehículos similares, ya que fueron fabricados con especificaciones casi idénticas por Concarril-Bombardier, la única línea del tren ligero de Ciudad de México transcurre en su totalidad de forma superficial, con numerosos cruces con las calles que atraviesan las vías, lo que limita mucho su velocidad, mientras las líneas de tren eléctrico de Guadalajara son en su mayoría subterráneas y sólo algunos tramos en la línea 1 cruzan con otras vialidades. Al circular a menor velocidad, la capacidad de transporte se reduce.

Capacidad del vehículo.
El material rodante de ambos sistemas es similar en sus dimensiones, pero el tren ligero de Ciudad de México circula con un solo vagón, mientras en Guadalajara la operación regular es con dos vagones y en horas pico tres, para lo cual se ampliaron las estaciones de la primera línea. Quiere decir que incluso con una frecuencia de paso similar, el tren ligero de Ciudad de México tiene la mitad o una tercera parte de la capacidad de los convoyes del tren eléctrico de Guadalajara.

Estructura de la red.
Las tres líneas del tren eléctrico de Guadalajara transcurren a través de, o cerca del centro histórico de la ciudad, y tienen estaciones de transferencia entre ellas. La línea del tren ligero de Ciudad de México sólo tiene una correspondencia con la línea 2 del metro por lo que en cuestiones de estructura de red, es periférica.

Fuente: Wikipedia.

Al usar esos mismos criterios para comparar al metro de la Ciudad de México con el tren eléctrico de Guadalajara notamos que éste último tiene una dimensión y capacidad bastante menor. La red del metro cuenta con 12 líneas, cuatro veces más que el tren eléctrico, lo que redunda en mayor cobertura y densidad de la red; la capacidad de los trenes es mayor, ya que cuenta con convoyes de seis y nueve vagones; la velocidad de recorrido es superior gracias a la mayor distancia entre estaciones. Acaso en estado de los vehículos y las estaciones el tren de Guadalajara es mejor gracias a su menor antigüedad e intensidad de uso, pero en los datos duros el metro de Ciudad de México es mucho mayor.


Sin embargo, a sabiendas de que la comparación no es muy justa, podríamos tomar en cuenta que otros sistemas de transporte urbano de Latinoamérica que operan con igual o menor número de líneas que Guadalajara se consideran metros, como el Metro de Lima (1 línea), el de Santo Domingo (2) o el de Panamá (2). Incluso, esos sistemas utilizan el mismo material rodante (trenes) que la Línea 3 de Guadalajara: el Alstom Metropolis.



Metro de Lima. Fuente: railway-news.com
Metro de Santo Domingo. Fuente: catalannews.com
Metro de Panamá. Fuente: cptm.com.br
Tren eléctrico de Guadalajara. Fuente: SDP Noticias

Entonces, ¿por qué no se llama "metro" el Tren Eléctrico de Guadalajara, si cuenta con características similares a otros metros de América Latina y superiores a otros sistemas de tren ligero? Para los aficionados a los trenes, el sistema de tren eléctrico de Guadalajara podría considerarse metro o metro ligero (una variante intermedia entre el tren ligero y el metro) en especial las líneas 2 y 3. Lejos están los días en que el tren eléctrico de Guadalajara era criticado por su insuficiencia (véase "Ligerezas en el tren", en El Informador, 21/Septiembre/1989) y es un sistema consolidado en su demanda y oferta. Sin embargo, el nombre "tren ligero" está firmemente enraizado en la consciencia colectiva de los tapatíos, quienes siempre se referirán al sistema como tren y no aceptarían el cambio al nombre de evocaciones chilangas de "metro".





viernes, 30 de octubre de 2020

¿Qué es el federalismo?

 En 2020, en el contexto de una crisis económica severa agravada por la pandemia y de confrontación entre los partidos políticos de oposición, por un lado, y el Ejecutivo federal, por el otro, surgió la idea del gobernador Enrique Alfaro, de Jalisco, de separar al estado que gobierna del pacto fiscal. Su idea fue criticada por analistas y políticos rivales quienes aseguraron que buscaba sacar a Jalisco del pacto federal, lo cual es anticonstitucional por cuanto un estado libre y soberano no está facultado para salir de la Federación. En esta confrontación se disputan recursos fiscales que bajo el pacto fiscal, la Federación redistribuía a los estados, y el bando que se opone al Ejecutivo federal se autodenomina "Alianza Federalista". Dicho grupo decidió abandonar la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), grupo en el que participaban los representantes del Ejecutivo de cada estado.

Entre las razones aducidas por los gobernadores que dejaron la conferencia estaba la necesidad de integrar un "federalismo renovado, más fuerte y más equitativo". El federalismo, como forma de organización política de los estados tiene una larga historia en México, remontándose su conformación a los primeros años de la vida independiente del país. Precisamente el estado que gobierna Enrique Alfaro, Jalisco, fue uno de los proponentes de establecer la República Mexicana como una federación al declararse estado libre y soberano en 1824. ¿Pero en qué consiste esta forma de organización estatal?


Federalismo, definición básica.

La Real Academia Española define "federalismo" como:

1. Sistema de federación entre corporaciones o estados.

2. Teoría o corriente política que defiende los principios de la federación.

Todo muy bien pero ¿qué implica para un grupo de estados federarse? Para entenderlo, debemos trabajar con una categorización tripartita de los regímenes estatales en función de el balance de poder y atribuciones entre el todo (el gobierno nacional) y las partes (los estados, provincias o departamentos, en general, las divisiones administrativas o políticas).

Colocando en un espectro dichas formas de organización, donde hacia la izquierda se situaran los regímenes donde el poder está más concentrado en el gobierno nacional y hacia la derecha fueran los estados o provincias los que tuvieran más atribuciones, tendríamos la siguiente clasificación:


El extremo donde el gobierno federal tiene la mayor parte del poder y las atribuciones se conoce como centralismo o en algunos países, unitarismo. La mayoría de países más pequeños (y excepciones como Francia) adoptan esa forma de gobierno donde el nivel nacional "centraliza" el poder mientras las partes "departamentos" tienen funciones meramente administrativas.
En el otro lado del espectro están los países donde las partes tienen una considerable autonomía, y el gobierno nacional se encarga de muchos menos aspectos, como la defensa nacional o la representación diplomática ante países extranjeros. Como ejemplo de ellos tendríamos a Suiza (cuyo nombre oficial es Confederación Helvética), cuyas partes constitutivas o cantones, tienen una larga historia de autonomía, incluso frente a países extranjeros que los rodean, como Francia o Alemania. Esta formación preserva la autonomía de las partes en lugares donde las localidades fueron fuertes históricamente y se unificó al país únicamente para preservar la existencia de los gobiernos regionales. Un ejemplo histórico de confederación muy laxa fue el Sacro Imperio Romano Germánico.

Como una especie de término medio se puede clasificar al federalismo. En la forma de gobierno federal, el gobierno nacional representa al país frente a los otros estados, defiende al país de enemigos externos e internos, y (probablemente lo más importante) recauda fondos para mantener dichas funciones. Los estados, por otra parte, tienen también sus sistemas recaudatorios y funciones de protección y fomento respecto a sus habitantes. El gobierno en dichos países adopta una estructura de tres niveles (nacional, estatal y local), que teóricamente son autónomos entre sí y mantienen una separación entre sus funciones y esferas de atribución pero cooperan por el bienestar de la población y la estabilidad del mismo gobierno.

La mayoría de países en el mundo que adoptaron la forma de gobierno federal son bastante grandes en extensión o diversos en su población, destacando como ejemplos la Federación Rusa, Canadá, Australia, India, los Estados Unidos, México, Brasil, Argentina, entre otros. Los motivos para la adopción de la forma federal de gobierno por un estado sigue generalmente la evolución histórica de cada país, en el caso de los países angloparlantes un gobierno descentralizado por parte de Gran Bretaña favoreció la autonomía de las partes, en el caso de Alemania (inicialmente Alemania Occidental) se buscaba evitar la concentración de poder que permitió a los nazis erigirse como partido totalitario, en la India la enorme diversidad cultural y étnica del país llevó a buscar una solución de compromiso a la pluralidad que se traducía en multitud de grupos políticos.

Países con forma de gobierno federal (resaltados en verde)

Federalismo en México
En América Latina, países como México o Argentina sufrieron conflictos políticos entre las tendencias centralistas (unitaristas en Argentina) y federalistas para definir la forma de gobierno. Alternativamente, México fue federalista, posteriormente centralista, y de nuevo federalista hasta nuestros días. Una interpretación señalaba que en México el federalismo fue una importación del modelo adoptado por los Estados Unidos pero Nettie Lee Benson refutó dicha concepción, al señalar que los antecedentes de los estados libres y soberanos erigidos en 1824 en realidad databan de las diputaciones provinciales creadas en los años finales del período colonial.

Como quiera que haya sido, las disputas por la organización de la nación permiten suponer que la conformación de México como país federal no fue fácil, en particular por la cuestión fiscal (que es el centro de la disputa actual entre la Alianza Federalista y el gobierno federal) ya que el gobierno federal tenía muy escasas formas de recaudar impuestos (notablemente aranceles al comercio exterior) y dependía de una contribución de los Estados (el llamado "contingente") que en muy pocas ocasiones se cumplió. Posteriormente el gobierno federal fue ganando fuerza hasta llegar a su máximo en el siglo XX, cuando se comenzó a revertir esa tendencia, y se creó el llamado "pacto fiscal", como un acuerdo para asignar entre gobiernos locales y nacional la recaudación (los impuestos y cuotas que cobra el gobierno) y el ejercicio de los recursos (gasto fiscal). En este sentido, la demanda de los gobernadores, quienes consideran que se les "estafa" al dárseles menos recursos en su opinión que lo que sus estados aportan es una constante no sólo en la historia de México, sino en otros países, como en España (donde las autoridades de Cataluña señalaban que eran "despojados" por el gobierno nacional).

En conclusión, la difícil situación económica y financiera del país, combinada con la percepción de un gobierno que ejerce el gasto de forma discrecional o inequitativa, llevó a los gobernadores a pedir que se replanteé la forma en que los recursos se reparten entre los miembros "de la casa". Es poco probable que el Norte se separe al estilo de la Confederación de Estados de América (con una guerra civil de por medio) pero dicho evento sí señala un conflicto político que quedará para la historia como un episodio más de la compleja historia del federalismo en México.

martes, 28 de enero de 2020

La gran siega de vidas: la pandemia de Influenza de 1918

Mientras escribo esto, el mundo entero se estremece ante las noticias de un virus en China que ha causado cientos de muertes. Si bien las distintas informaciones son contradictorias, dada la opacidad informativa del régimen chino, las posibles consecuencias evocan al más terrible evento sanitario de la historia de la humanidad: la influenza H1N1 de 1918.

La enfermedad se propagó en dos principales oleadas: la primera durante la primavera de 1918, la cual causó relativamente pocas muertes. Sin embargo, el virus contraatacó en el otoño del mismo año, con una gravedad inusitada: se reportaron casos de gente muriendo pocos días, y en algunos casos horas después de desarrollar los síntomas, y mientras que la influenza por lo regular ataca a niños y ancianos, ésta variedad se cebó en jóvenes saludables.

Los síntomas eran contundentes, ya que los pulmones se llenaban de líquido, sofocando a los enfermos, cuyas pieles además se teñían de azul por la falta de oxígeno. La influenza debilitaba los bronquios de quienes la padecían, y por ello se caracterizaba por dificultades respiratorias agudas. No existía vacuna ni antibióticos para controlar el virus, por lo que otras medidas de variable efectividad se pusieron en marcha: cuarentena, limitar actividades sociales, higiene personal y desinfección de objetos cotidianos.


Existen varias versiones sobre el origen de la enfermedad, pero el nombre por el que fue particularmente conocida fue "Gripe Española", por ser dicho país especialmente afectado por la enfermedad. España era neutral en la Gran Guerra que se libraba en Europa por lo que las noticias sobre contagiados y víctimas se esparcían libremente. En realidad la influenza de 1918 constituyó una pandemia, pues prácticamente todo el mundo fue afectado, incluso comunidades muy remotas en todos los continentes.

¿Qué factores sociales pudieron agravar el contagio y los efectos de esta influenza? Es un hecho que las grandes movilizaciones de tropas que acompañaron a la Gran Guerra Europea (Primera Guerra Mundial, 1914-1918) debieron contribuir a la difusión del mal, mientras que la malnutrición ocasionada por el racionamiento de las sociedades en guerra pudo repercutir en la resistencia de poblaciones al virus. En México, que había sido asolado por la Revolución (desde 1910) la influenza cobró miles de víctimas en una población que por años había sufrido violencia, hambre, escasez. Los jinetes del Apocalipsis campeaban por un mundo devastado por la guerra y la Revolución.

En total, la pandemia de influenza H1N1 contagió a 500 millones de personas, alrededor de un tercio de la población mundial, y mató alrededor de 50 millones, resultando por ello más mortífera que la misma Guerra Mundial. El espectro de una enfermedad tan letal ha acosado a la humanidad desde entonces, que si bien ya ha desarrollado vacunas para la enfermedad, espera la emergencia de nuevas y más crueles patologías.

PARA SABER MÁS:

National Geographic

Centers for Disease Control and Prevention

History

domingo, 22 de diciembre de 2019

Historia del transporte colectivo en Guadalajara. Episodio IV: Los trolebuses.

Para 1970 la ciudad de Guadalajara había alcanzado una población de 1,199,391 habitantes, sin contar los municipios aledaños. El crecimiento urbano se manifestaba en la construcción de nuevas colonias, centros comerciales, vialidades y lugares de trabajo, y redundó en mayor tránsito de vehículos y congestión de las vialidades.

Según la Comisión de Planeación Urbana (COPLAUR), el 86% de los tapatíos utilizaba para sus desplazamientos el transporte público, el cual, desde la desaparición de los tranvías, constaba sobre todo de autobuses de combustión interna. Estos camiones eran operados por once líneas que agrupaban a todas las rutas, y que pertenecían a dos empresas particulares: Alianza de Camioneros y Servicios y Transportes. Los camiones eran famosos por su incomodidad, por circular de forma caótica y por su saturación.

Al mismo tiempo que la Junta General de Planeación y Urbanización del Estado de Jalisco (JGPUEJ) diseñaba un Plan General Urbano donde se detallaba la estructura vial que desahogaría el nudo del centro urbano, diversos representantes de empresas extranjeras propusieron al Gobierno de Jalisco la construcción de sistemas de transporte colectivo por trenes, es decir, el Metro. Apenas un año antes se había inaugurado el Sistema de Transporte Colectivo en la Ciudad de México, con gran éxito, y es posible que se considerara factible su construcción en Guadalajara.


Las sucesivas delegaciones británica, japonesa y belga, sumadas a un proyecto local de la COPLAUR, abogaban por establecer el sistema de Metro en Guadalajara a un costo considerablemente menor al de Ciudad de México. Sin embargo, es casi seguro que, sin el apoyo de la Federación, el gobierno estatal no habría podido sufragar el costo de un tren que, para la época, era moderno y costoso. Eso no impidió que, al abrirse la nueva Calzada Federalismo (llamada inicialmente Eje Norte-Sur) se construyera un túnel con cinco estaciones por las que se preveía correría el Metro en un futuro cercano.

Tramo sur de la Calzada Federalismo, se aprecia la estación Colón en la intersección de la calle del mismo nombre con la avenida Washington, c. 1976

Según argumentó el gobierno estatal, no era aconsejable en ese momento construir un metro, por lo que utilizó un medio de transporte diferente: el trolebús. Dicho vehículo funciona a base de energía eléctrica que es suministrada por dos cables, a los cuales se sujeta el trolebús por dos cañas denominadas troles. El parque vehicular con el que se inauguró el Sistema de Transporte Colectivo de Guadalajara en 1977 constó de 100 trolebuses usados, provenientes de Chicago, con más de veinte años de antigüedad. Para 1979 estos trolebuses se encontraban en pésimas condiciones por lo que se llegó a sugerir su venta al Distrito Federal, sin embargo por la reacción negativa del público el Gobierno de Flavio Romero de Velasco (1977-1983) se comprometió a mejorar el servicio. Durante la década de los ochentas, se sumaron trolebuses de fabricación nacional, elaborados por Mexicana de Autobuses (MASA).


Los trolebuses continuaron circulando en condiciones cada vez más deterioradas, sobre todo desde la inauguración del tren ligero en 1989, el cual ocupó el túnel de la Calzada Federalismo. Varias rutas del SISTECOZOME (Sistema de Transporte Colectivo de la Zona Metropolitana) desaparecieron, y otras empezaron a dar su servicio con unidades de combustión interna a base de diesel.

Plano de las rutas del trolebús en Guadalajara a mediados de los noventas. Para la década siguiente sólo permanecían las rutas 400 y 500.

Finalmente, en la gestión de Aristóteles Sandoval, se declaró en quiebra a SISTECOZOME, y sus unidades pasaron a formar parte del Sistema de Tren Eléctrico Urbano (SITEUR). Se adquirieron nuevas unidades y la antigua ruta 400 pasó a ser la Línea 3 del Sistema Integral del Tren (Sitren). El servicio es considerablemente mejor que en décadas pasadas, pero su extensión es muy limitada en comparación con el alcance histórico del trolebús. Debería considerarse, dada la tendencia a los vehículos eléctricos y a la saturación del transporte colectivo existente, crear nuevas rutas de trolebús, retomando un medio de transporte con gran tradición en la ciudad. El trolebús forma parte del pasado de la ciudad, ¿formará parte también del futuro?



PARA SABER MÁS:
www.trolleybuses.net
Fernando Martínez Reding, La nueva ciudad, Junta General de Planeación y Urbanización del Estado de Jalisco, 1976
José Ramón Cárdenas Nieto, El Sistema de Transporte Colectivo de Guadalajara: movilidad pública y crisis económica (1970-1982), tesis de licenciatura, 2019.

martes, 10 de diciembre de 2019

La Revolución Cultural en China: ¿lucha de clases o rompimiento de la tradición?

A lo largo de gran parte de la milenaria historia china la tradición confuciana destacó como la base de la sociedad y el Estado, al promover el orden y el respeto a la autoridad. Anclada en los rituales se sustentaba la estabilidad social que se encarnaba en el Estado y la familia. Los súbditos debían obedecer al Emperador, los hijos debían venerar a sus padres y ancestros, el aprendiz debía respetar al sabio, mientras que las figuras de autoridad debían mandar con justicia y templanza. Es muy posible que el confucianismo haya cimentado en una moral práctica las antiquísimas costumbres de la civilización china, y al convertirse en la ideología oficial del Imperio, se enraizó como algo más que una religión: un modelo de civilización.

Confucianism: Ancient History Encyclopaedia

Sin embargo, las revoluciones y cambios dinásticos sacuden la historia china, de forma que la visión histórica cíclica de dicha civilización cobra sentido. De forma aparentemente contradictoria pero acorde con la cosmovisión china tradicional conviven el cambio con la permanencia, el orden con la revolución. Las dinastías eran bendecidas por el Cielo al respetar la tradición pero perdían su Mandato al corromperse y romper el pacto social, y así transcurrió la historia de China hasta el siglo XX, cuando cae la última dinastía (Qing, conocida también como Manchú) e inaugurarse la primera República China. ¿Se habría roto la larga cadena de cambio y estabilidad?

En 1949 tomó el poder en China el Partido Comunista (PCCh) y consagró como ideología oficial el marxismo reinterpretado por Mao Tse-Tung. El materialismo histórico, tal como fue predicado por Karl Marx y Friedrich Engels, postula que la historia escrita de la humanidad es una continua lucha entre clases suscitada por la pugna por los medios de producción, la cual por medio del cambio dialéctico va transformando las estructuras de la civilización. El marxismo se originó en una sociedad en proceso de industrialización y como tal respondía a las contradicciones propias de su medio, pero paradójicamente triunfó allí donde se suponía no existía el desarrollo capitalista, sino que se mantenían las estructuras feudales, es decir, en Rusia inicialmente y China después.

Maoism: Encyclopaedia Britannica

El maoísmo se sustentaba en la clase campesina, en ausencia de un proletariado industrial insignificante en China, y sustituía con fervor y trabajo los obstáculos teóricos y reales que la construcción del socialismo presentaba a la República Popular China. La vía china al socialismo fue divergiendo al paso de los años de la ruta soviética, en particular tras la muerte del dictador Stalin en 1953, dando paso a un enfriamiento de las relaciones entre la URSS y la República Popular China. Mao advirtió a sus seguidores del peligro que entrañaba la burocratización de los cuadros revolucionarios inherente al proceso de construcción del Estado. No sólo esto era negativo en la ideología marxista (pues se corría el peligro de conformar una nueva burguesía) sino recordaba al pasado feudal chino, con sus clases de letrados privilegiados por el Imperio. Había que romper esa tendencia.

Thought Co: The Great Leap Forward

Tras el desastroso experimento de colectivización e industrialización denominado El Gran Salto Adelante (1958-1960) la posición de Mao en el aparato del Estado era insegura, y el surgimiento de una tendencia renovadora en la política china amenazaba con hacerlo a un lado. En 1967 se echó a andar uno de los procesos sociales más dramáticos y masivos en escala que haya visto la humanidad. Con el pretexto de evitar el "aburguesamiento" de la sociedad que comenzaba por los cuadros técnicos y las élites políticas, se puso en marcha la movilización de millones de chinos, predominantemente jóvenes, para romper con las viejas tradiciones y construir de una vez por todas la sociedad del futuro.


El choque entre los ideologizados jóvenes y la estructura social vigente no pudo más que ser dramático. Se denunciaba a los enemigos ideológicos dentro del Estado, muchos de los cuales fueron degradados, humillados o hechos a un lado. Fue particularmente drástica la acción revolucionaria en las instituciones educativas, donde los maestros eran vistos como elementos burgueses debido a su percibida superioridad intelectual. Las movilizaciones devinieron en vandalismo, y las denominadas Guardias Revolucionarias parecieron salirse de control.


Tras varios llamados al orden hechos por las principales figuras del gobierno los elementos radicales se fueron dispersando, no sin que millones de vidas fueran drásticamente afectadas. ¿Fue la Revolución Cultural una simple maniobra política que echó mano de las masas ideologizadas o un rompimiento con la tradición milenaria china del orden y la autoridad? Dado que se cimentó la posición de Mao, quien persistió como jefe del Estado hasta su muerte, podría pensarse que en realidad la revolución detuvo paradójicamente el cambio social inminente en China, que tendía hacia el capitalismo de Estado. Sin embargo, tras la muerte del Gran Timonel, se sucedería una completa reforma del sistema económico chino, un ejemplo más de la trama histórica de la civilización china, donde convive la estabilidad con el cambio, la revolución con el régimen.

PARA SABER MÁS:

Jonathan D. Spence, En busca de la China moderna, Tusquets.

Flora Botton, Historia mínima de China, El Colegio de México.

lunes, 2 de enero de 2017

¿Por qué el gobierno mexicano nacionalizó la banca en 1982? El clímax del estatismo en México



En el moderno sistema capitalista, las instituciones financieras son un elemento clave, el engranaje que en tiempos de bonanza acelera su movimiento y en épocas de caos amenaza con destruirlo. Los bancos administran el capital ajeno, lo prestan a quien está en capacidad de devolverlo (o no) y logran la milagrosa multiplicación de los panes. El sistema bancario es un pilar de la ideología política y económica del liberalismo: asociaciones anónimas que proveen de recursos a los individuos y administran el combustible que alimenta la gran maquinaria de la acumulación de capital.

La concepción liberal del estado sostiene que los bancos, como los sectores productivos, operan mejor si se les deja hacer, si son poseídos por individuos asociados libremente, si operan de acuerdo con los principios de competencia perfecta en un entorno de mercado en el que los contratos se respetan y la propiedad privada es inviolable.

Por otro lado, la acción del Estado ha buscado limitar y encauzar la actividad bancaria, fomentarla lo suficiente para que contribuya al progreso económico pero limitando los obvios excesos en que caen los hombres de carne y hueso cuando poseen o administran recursos. El Estado ha sido usuario de los sistemas bancarios: solicita créditos de la banca para financiar las obras públicas, y le suministra con divisas, sobre todo en períodos de crisis. La tarea del Estado, según el liberalismo, es cuidar que se respeten los acuerdos y que la propiedad sea sagrada, esto aplica al sistema bancario cuando la legislación es favorable a la actividad del capital pero previene los actos violatorios y fraudulentos, y sobre todo garantiza la propiedad de los bancos.

En 1982 el Estado desarrollista mexicano cae en su peor crisis, cuando la baja en los precios del petróleo, el alza en las tasas de interés, la fuga de capitales y la confrontación entre el sector privado y el público se conjugan y obligan al gobierno a tomar medidas contundentes para intentar remediar la crisis. El primer día de Septiembre en su último informe presidencial, José López Portillo decreta la nacionalización de los bancos privados del país para poner en marcha un control de cambios que buscaba detener los efectos de la devaluación del peso. Acusa a los banqueros de traicionar a la patria, de saquear a México, por su actuación durante la fuga de divisas de ese año. Es una obvia transgresión del principio de propiedad, por el actor que según la ideología liberal, debería garantizarla: el Estado. Los banqueros se dicen robados, despojados por un acto incuestionablemente inconstitucional, pero es inútil: el Presidente era todopoderoso y podía legalizar a posteriori sus actos.

La lógica detrás de la Nacionalización de la Banca era financiera a la vez que política. López Portillo intentó responsabilizar del caos económico a los banqueros nacionales a la vez que al transferir los bancos al sector público garantizaba la posesión de recursos con los que financiar el funcionamiento del gobierno tras la crisis. Sin embargo los efectos de 1982 en todos los sectores de la sociedad fueron gravísimos y JLP pasó a la historia como irresponsable apostador, macho mexicano y poco menos que un perro. Su acto final de gobierno le representó un inmenso costo político que no pudo pagar.


"1982, la decisión del presidente", documental sobre la nacionalización de la banca realizado por los banqueros expropiados

Seis años después, las consecuencias de romper el pacto social entre gobierno, capital y trabajo cristalizan en una oposición temible por ambos lados del espectro político que amenaza con derrotar en las elecciones al Partido oficial: el candidato nacionalista que lleva tras de sí las fuerzas populares, heredero de un nombre y una ideología histórica, Cuauhtémoc Cárdenas; por el otro lado el candidato de las clases medias y altas que se sintieron defraudadas con el golpe del 1 de Septiembre, el empresario Manuel Clouthier. En medio de ellos, empequeñecido, el tecnócrata y neoliberal Secretario de Programación y artífice de recortes al presupuesto, Carlos Salinas de Gortari. El desenlace era previsible, el seis de julio se perpetró un fraude monumental que no convenció a nadie, el cual pondría en una dificilísima posición al mandatario entrante. Sin embargo sus acciones posteriores, como todo su sexenio, evidenciarían el maquiavelismo y la astucia política de Salinas, que por la puerta de atrás entraría a la historia mexicana para ser uno de sus actores más determinantes.

Sabiendo que la nueva izquierda aglutinada no pactaría, se aproximó a la derecha. En reuniones secretas con la cúpula panista, Salinas se comprometió a deshacer la epopeya lopezportillista, y reprivatizar la banca para convencerlos de legitimar su “triunfo” electoral. Con la reticencia inicial de Clouthier, los convenció.

Sin embargo, Salinas también tenía que responder al ala más tradicional y nacionalista del Partido oficial (los cariñosamente denominados dinosaurios) que, alebrestados por la defección de Cárdenas y miles de simpatizantes, no aceptarían ver revertida la nacionalización. El compromiso alcanzado fue el siguiente: los bancos volverían a ser privados, pero no de sus viejos dueños. Esta decisión, que buscaba crear una nueva burguesía financiera afín a Salinas, se demostraría fatal en 1994.

De acuerdo con el monumental estudio La privatización bancaria en México de Francisco Ibarra Palafox, la devolución de los bancos al sector privado obedeció a evidentes necesidades políticas de un candidato ilegítimo que buscaba echar a andar su proyecto de estado. Según Ibarra, este proceso estuvo muy alejado de lo que debió ser de acuerdo al ideal liberal: las intromisiones del Estado y la discrecionalidad con que se realizó determinaron que la privatización fuera apresurada, desaseada y peligrosa para el futuro desarrollo de la economía nacional.

La privatización, de acuerdo con Ibarra, adoleció de graves vicios y de inconstitucionalidad inherente, para demostrarlo hace uso de un impresionante aparato de interpretación jurídica y de su conocimiento del proceso al haberse desempeñado como asesor bancario. Cada desincorporación bancaria es estudiada y el estado de cada banco, antes y después del proceso, confirma las hipótesis del autor. Los bancos nacionalizados se debieron entregar a sus nuevos dueños en un período brevísimo (menos de dos años) lo que contribuyó a la opacidad y a un tremendo sobreprecio, nunca visto en ningún proceso de privatización bancaria en el mundo.

Los nuevos banqueros en muchos de los casos carecían de experiencia en instituciones financieras, y eran además sujetos de escasa calidad moral (como lo demostraron los casos Cabal Peniche y Lankenau), pero además, la desregulación implementada por el gobierno salinista contribuyó a dar cancha libre a sus acciones, y el sistema bancario mexicano se comportó desde entonces como nuevo rico, prestando y prestándose más allá de sus posibilidades y jugando a la economía casino con fichas que, como se demostraría después, acabaría pagando el pueblo de México, primero con la gravísima crisis de diciembre de 1994, y con el posterior rescate bancario implementado por la administración Zedillo y legalizado por Vicente Fox.


La privatización bancaria en México, editorial Siglo XXI



El valor historiográfico de este trabajo, que es de por sí importante en los aspectos jurídicos, políticos y económicos, yace en que señala la intersección de factores, procesos y acciones que determinan los acontecimientos históricos, desde la expropiación de 1982 hasta la crisis decembrina de 1994 a través del proceso de privatización bancaria. El extenso trabajo de Ibarra y su equipo permiten adentrarnos en la historia reciente de México, tan determinante para nuestro momento actual, pero también hace ver que la implementación de mercados en todos los aspectos de la economía, y el retiro del Estado de los ámbitos de regulación, muy lejos de llevar a un funcionamiento ideal de modelos conducen, en la vida real, a complicidades y corruptelas que tienen un duradero y gravísimo impacto en toda la sociedad.

PARA SABER MÁS

Anaya, M. (2008). 1988: el año que calló el sistema. Editorial Debate. Un libro casi inconseguible que documenta el arreglo entre la cúpula panista y el equipo de Salinas.

Cárdenas, E. (1994). La política económica en México 1950-1994. Fondo de Cultura Económica. Un libro fundamental para entender la economía de los gobiernos priístas, por uno de los más destacados historiadores económicos de la actualidad.

López Portillo, J.(1988) Mis tiempos: biografía y testimonio político. Fernández Editores. Las voluminosas memorias políticas de López Portillo, donde justifica sus acciones.

Tello, C. & Cordera, R. (1981). México, la disputa por la nación: perspectivas y opciones del desarrollo. Donde se explica la división en el seno del partido oficial entre nacionalistas y tecnócratas que llevó en 1987 a la escisión que resultaría en el PRD.